¿Cómo lidiar con el dolor del rechazo? Consejos prácticos

El rechazo detona sentimientos de vergüenza que podemos sanar con nuevas actividades.

Una paciente a la que llamaré Marta, una contadora de cuarenta y dos años, se divorció recientemente de su marido después de un matrimonio de 10 años. Su marido se había involucrado en una aventura con una amiga en su grupo cercano de parejas de amigos. Después de que se enteró de la aventura, quedó devastada al saber que varios de sus amigos sabían que había estado sucediendo durante dos años. Ninguno de ellos le dijo sobre la traición de la confianza.

«Me siento como una tonta. Todos sabían de la aventura menos yo. ¡íbamos de vacaciones juntos! No puedo ver a ninguno de ellos ahora. Él puede quedarse con esos amigos. A ninguno de ellos le importaban mis sentimientos, o me lo habrían dicho. Ahora siento que no tengo a nadie», dijo.

Marta se sintió rechazada y traicionada por su marido y su íntimo grupo de amigos. Marta se había comportado con integridad en su matrimonio y amistades, pero se culpaba a sí misma por confiar en aquellos que la traicionaron.

Incluso los rechazos pequeños, como ser el único no invitado a un almuerzo de trabajo, pueden ser dolorosos. Cuando un amigo o familiar deja de devolvernos las llamadas, puede sentirse como una herida abierta y punzante en el corazón. Dolores de estómago, fatiga, dolor físico y profunda tristeza acompañan la pérdida de nuestras relaciones significativas. La angustia emocional a menudo aparece como ira, tristeza y ansiedad .

Cuando perdemos la conexión con los demás, como en el divorcio, sentimos vergüenza. Sentimos vergüenza cuando somos rechazados o excluidos de un grupo. Puede sentirse como el destierro de nuestra tribu cómoda, dejándonos solos para vagar en el desierto.

La mayoría de la gente describe la vergüenza como querer «caer en un agujero» o » desaparecer». Ese deseo de esconderse parece provenir de los instintos de supervivencia incorporados en el cerebro human. La vergüenza, la humillación y la pena nos hacen sentir que somos inaceptables para los demás. Sentimos que no pertenecemos.

La vergüenza activa nuestros receptores del dolor y nos hace sentir agitados, enojados y a la defensiva. La vergüenza también amplifica nuestra sensibilidad a las amenazas .

Si sientes vergüenza, no estás solo. Eres humano. La Madre Teresa dijo: «Si no tenemos paz, es porque hemos olvidado que nos pertenecemos el uno al otro». Es importante recordar que perteneces aquí también.este artículo continúa abajo

Una respuesta saludable al dolor de la vergüenza

En momentos de pérdida y vergüenza significativas, nos retiramos en nuestros caparazones de tortuga para sentirnos seguros. Escucho a mis clientes decir que se mantienen alejados de los demás porque no quieren hacerle daño a nadie. Puede ser difícil enfrentar a la gente cuando nos sentimos mal. Las amenazas a nuestra posición en nuestro grupo social o familia a menudo pueden sentirse como amenazas a nuestra existencia.

La vergüenza, y su prima la culpa, son dos emociones autoconscientes. Cuando sentimos vergüenza, podemos volvernos muy autoenfocados. Perdemos de vista la empatía. Asumimos que otros nos encontrarán inaceptables. A veces nos enojamos y alejamos a los demás.

La experiencia de ser útiles, productivos, juguetones y conectados cambia nuestra perspectiva. Si nos sentimos rechazados por una parte de nuestra comunidad, es sanador experimentar aceptación de otra. Si bien puede ser muy difícil empezar a conectarse con otros de nueva cuenta, recuerda que cada persona es un nuevo universo. Buscar relaciones nuevas, que sean satisfactorias puede ayudarnos a sanar de la pérdida y el rechazo.

Encuentra una nueva tribu

Una forma sana de lidiar con el rechazo es enfocarse en una actividad que te guste y te conecte con otros. Hazte las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué actividades disfruto que involucren a otros? (Deportes, videojuegos, música, club de lectura, danza, voluntariado, servicios religiosos, campañas políticas, clubes sociales, clases de arte, programas educativos.)
  2. ¿Cuáles de las anteriores se siente como más adecuada para mí ahora?
  3. ¿Qué acción puedo tomar ahora para unirme a esa actividad?

Marta tomó tiempo aparte para escribir acerca del dolor de sus múltiples pérdidas. Le pregunté qué había aprendido de esta experiencia dolorosa. «Pensé que tenía que ser lo que otros querían. Rechacé partes de mí misma para complacer a los demás. Al final, no me trajo más que dolor», dijo.

Le pregunté «¿qué partes rechazaste?”

«Siempre hice las cosas que mi esposo quería hacer. Siempre me ha encantado la música. Me encanta cantar, pero tengo miedo de presentarme delante de la gente. Cuando era niña, me encantaba el coro de jóvenes. Desde entonces, no he hecho nada», dijo Marta.

Le recomendé que investigara para unirse a un coro. Aunque estaba asustada, estaba cansada de sentirse sola. «Necesito empezar a hacer cosas por mí misma ahora. Mi esposo siempre tomaba las decisiones. Ahora, debo ser lo suficientemente valiente para hacer lo que quiero hacer por mi cuenta», dijo.

Marta audicionó para un coro local y fue aceptada. Esa acción cambió su vida. Un año más tarde, Marta estaba cantando las partes principales en el coro. «¡Estoy tan emocionada porque me invitaron a cantar en una grabación profesional para el coro!» exclamó. Marta había encontrado una nueva tribu donde podía expresar libremente su amor por la música.

Cuando te centras en crear nuevas experiencias de conexión, responderás de una manera más saludable a la vergüenza. Actuar sobre algo que valoras te mueve en la dirección que quieres ir. Observarás el progreso. A medida que se forman nuevas conexiones, las oportunidades para la felicidad crecen.