¿Cuándo guardar un secreto puede lastimarte?

Toma en cuenta estas reflexiones para evitar el daño.

No es ningún secreto que guardas un secreto ahora mismo. De hecho, si eres como la mayoría de las personas, probablemente puedas contar alrededor de una docena de piezas de información personal que nunca has compartido con nadie y probablemente nunca lo harás.

Podría ser esa aventura de una noche con un extraño. O quizás una vez cometiste un pequeño crimen y te saliste con la tuya.

No tiene que ser tan extremo. Muchas personas mantienen sus puntos de vista políticos y religiosos en secreto, especialmente cuando creen que nadie más estará de acuerdo con ellas. Algunas personas esconden las finanzas, ya sea que tengan mucho más o mucho menos de lo que otros piensan. Del mismo modo, la orientación sexual y los comportamientos sexuales en general son un asunto privado para la mayoría de las personas.

¿Qué clase de secretos guardan las personas?

La secrecía es la retención intencional de información personal de una o más personas. Mantener secretos a menudo puede ser perjudicial a largo plazo, tanto física como psicológicamente. Sin embargo, según el psicólogo de la Universidad de Columbia Michael Slepian y el psicólogo de la Universidad de Chicago Alex Koch, no es la retención de información de otros lo que nos lastima. En cambio, el hecho es que tendemos a rumiar nuestros secretos.

Algunos secretos que guardamos no nos hacen daño, ya que no son asunto de nadie más. Pero otros pesan mucho en nuestras mentes, y estos son los que nos dañan con el tiempo. Para entender por qué este es el caso, Slepian y Koch llevaron a cabo una serie de estudios.

Investigaciones anteriores han revelado que los secretos que las personas suelen guardar pueden agruparse en 36 categorías básicas. Estos van desde la infidelidad hasta el comportamiento criminal, desde los deseos románticos hasta la insatisfacción laboral, y desde haber tenido una experiencia traumática hasta perseguir un pasatiempo inusual.

Lo que no está claro en esta lista es por qué algunos secretos son dañinos mientras que otros no lo son. En el primer estudio, los investigadores pidieron a los participantes que organizaran los 36 secretos comunes en tantos grupos como desearan. Al analizar las agrupaciones que las personas hicieron, los investigadores fueron capaces de identificar tres dimensiones que describen cada secreto:

  • Inmoralidad: Algunos secretos involucran comportamientos que las personas, incluido el poseedor del secreto, considerarían inmorales. Ejemplos de secretos que son altos en la dimensión inmoral incluyen dañar a otra persona, robo u otros actos ilegales. Otros secretos no tienen ningún componente moral particular, como ambiciones, un pasatiempo o sentimientos de descontento en el trabajo.
  • Conectividad: Las personas generalmente mantienen en secreto los detalles de sus relaciones íntimas. Ejemplos de secretos altos en la dimensión relacional son el deseo romántico, la infidelidad y los comportamientos sexuales en general. En contraste, otros secretos tienen poco que ver con nuestras relaciones, como los problemas en la escuela o el trabajo, así como las creencias religiosas o políticas.
  • Confidencialidad: En nuestra vida laboral, a menudo tenemos que mantener cierta información confidencial. Entendemos claramente por qué guardamos estos secretos. En otras palabras, entendemos por qué es esto. Por el contrario, a menudo tenemos poca comprensión de las razones de nuestros problemas matrimoniales o problemas de salud, por lo que estos califican bajo en la dimensión de la comprensión.

En estudios posteriores, Slepian y Koch descubrieron que pueden predecir qué secretos causarán daño al considerar cómo cada uno se clasifica en las tres dimensiones. Esto se debe a que cada una de las dimensiones tiene una experiencia emocional particular que está asociada con ella.

¿Por qué algunos secretos son tan dañinos?

Los secretos pueden ser psicológicamente dañinos porque el poseedor del secreto no tiene la oportunidad de discutir su contenido con otras personas. Cuando tenemos problemas, nos ayuda compartirlos con otros que nos pueden proporcionar información sobre cómo lidiar con ellos. Pero cuando se trata de secretos que son altos en la dimensión de la inmoralidad, nos sentimos avergonzados y somos reacios a compartirlos, a menudo por una buena razón.

Sin embargo, los secretos altos en las otras dos dimensiones son menos probables de conducir al daño psicológico. Por ejemplo, los secretos altos en la dimensión de conectividad nos aseguran que tenemos relaciones sociales o íntimas valiosas. Por lo tanto, si tienes un amante secreto, los pensamientos de esta conexión íntima son ciertamente estimulantes para el estado de ánimo, incluso si no puedes compartirlos con otras personas.

Del mismo modo, los secretos en lo alto de la dimensión de confidencialidad evocan un sentido de competencia. Por ejemplo, saber que se te ha confiado información secreta en el trabajo te asegura que eres una persona capaz y confiable, y esta percepción es empoderadora.

Por supuesto, un secreto puede ser alto en dos o incluso en las tres dimensiones al mismo tiempo. Por ejemplo, un secreto sobre una aventura puede ser alto en la inmoralidad y la conectividad. Por lo tanto, el poseedor del secreto puede sentir vergüenza al engañar a su cónyuge y la emoción de estar íntimamente conectado con otro ser humano al mismo tiempo.

¿Cómo guardas un secreto sin lastimarte a ti mismo o a otros?

Notando que el secreto perjudica principalmente al poseedor del secreto porque rumia sobre él, Slepian y Koch propusieron que obtener información sobre la razón por la que se mantiene el secreto podría ayudar a aliviar la angustia psicológica. Con este fin, idearon un ejercicio de encuadre simple, que probaron en 300 participantes.

Para cada secreto que tenían, se les pidió a los participantes que consideraran las siguientes tres declaraciones, que están asociadas con las tres dimensiones de los secretos:

  • No hay nada malo en tener este secreto. (Inmoralidad)
  • Este secreto protege a alguien que conozco. (Conectividad)
  • Entiendo la importancia de este secreto. (Confidencialidad)

Aquellos que participaron en este ejercicio de encuadre a diario informaron menos rumiación sobre su secreto y, en general, mejor estado de ánimo durante la semana siguiente. En términos más generales, este resultado sugiere que tener claridad sobre la razón para mantener un secreto puede reducir el daño psicológico que proviene de rumiar sobre él.

Todos tenemos información personal que preferimos no compartir con otras personas. Mientras guardamos algunos secretos por vergüenza, otros pueden empoderarnos. Mientras entendamos claramente la razón para guardar el secreto, podemos evitar caer en la espiral dañina de pensar en ello una y otra vez.

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